Entrevista con Víctor Santana

Después de hablar con su banda, pudimos disfrutar de Víctor Santana, un artista que vive la música 24 horas al día y que no se muerde la lengua. Nos contó cosas muy interesantes y las cuales no tienen deperdicio. Si no sabes de él, sigue leyendo y prepárate para conocer a uno de los artistas techno con más futuro. De hecho, no os entrenemos más, con todos ustedes… ¡Víctor Santana!
En primer lugar, agradecerte que saques tiempo para esta entrevista, sabemos que estás muy solicitado.
Gracias a vosotros por darme la oportunidad de poder enseñaros mi proyecto. Hay que ser agradecidos, porque yo no soy nadie para estar aquí y contarte mi vida. Por ahora va bien la ‘película’, pero hay que tener los pies en la Tierra.
Para los que todavía no te conozcan, que ya son pocos, defínenos un poco tu música y ti mismo como artista.
Desde bien pequeñito me considero un luchador, por circunstancias de la vida que te hacen aprender. Y un romántico musicalmente, soy un enamorado de la música, desde que me levanto hasta que me acuesto. Y mi música es funk, es jazz, es reggae, es hip-hop, es soul, es techno, es electrónica… es todo de lo que me nutro día tras día. Me tiro tanto tiempo currando haciendo techno, que es lo último que me apetece escuchar en casa. Soy fanático de la música en directo, me vuelve loco. Y de los instrumentos, desde bien pequeño. De hecho uno de los sueños que tengo, algún día, es subirme a un escenario a tocar un instrumento. Pero realmente, de lo que más enfermo soy es del jazz, porque es lo que más escucho en casa. Además soy coleccionista de vinilos también, tengo toda mi casa llena y la gran mayoría son de jazz. De hecho, he vendido muchos de techno por comprar jazz. No puedo comprarlo todo en vinilo porque necesitaría un chalet, y soy pobre [risas], pero lo que me gusta de verdad lo suelo tener en vinilo para coleccionar.
Cuéntanos cómo fue tu experiencia en Detroit, una de las capitales del techno por antonomasia.
He hecho cuatro o cinco viajes, y desde el primero al último han pasado miles de cosas. El primero fue como un viaje de reconocimiento. Mis influencias vienen de allí, y no hay nada mejor para conocer algo que saber lo que hay y de dónde viene, y eso hice. Cogí la primera referencia, que había estado por Europa distribuyéndola, y decidimos ir con un gran amigo, Matías. Nos compramos un billete de avión y nos hicimos Nueva York, Detroit, Chicago y Los Ángeles. Esa fue la primera vez que fui a Detroit y fue una experiencia increíble, porque allí conocí a Cornelius, el manager de Underground Resistance, que ha sido el que me ha abierto las puertas, a nivel musical, de conocer a uno y a otro. Y es una ciudad que me inspira. La gente tiene un concepto de Detroit que es chungo, porque Detroit, desde fuera, es fábricas, es decadencia, es la crisis que ha habido del automóvil y todo eso. Y yo he estado 5 veces y nunca me ha pasado nada. Realmente Detroit es otra movida, Detroit es como Jamaica. ¿Tú sabes que en Jamaica y en Detroit, son los sitios donde más músicos hay por metro cuadrado? Porque es cultura. Allí el que no es pianista es saxofonista y el que no, pinta, y el que no, dibuja. Lo que he aprendido de los viajes a Detroit es que, en las ciudades, cuantas más carencias y necesidades hay, más creatividad y artistas hay. Y la gente no se entera de eso, porque son proyectos paralelos, es todo underground. Es una ciudad de música por excelencia.
¿Y en Europa tienes alguna ciudad así, de música por excelencia?
Holanda me gusta bastante, estuve viviendo una temporadilla allí, en Amsterdam. Berlín también me gusta bastante, pero se ha globalizado todo un poco y no es lo mismo. Yo digo que Berlín ahora mismo es como Ibiza, levantas una piedra y el que no es dj, es productor, y el que no, es diseñador. Está como de moda.
¿Y alguna discoteca en Amsterdam?
Melkweg, por ejemplo, o el Paradiso. Antes de que cerraran estuve en el Eleven, en la planta 11 de un edificio en Amsterdam Central, con cristaleras y se veía todo el puerto, como el Weekend de Berlín, lo que pasa que hubo problemas y lo cerraron. Ahí vi cositas interesantes, como a Laurent Garnier con la banda.
¿Y como conociste a Cornelius, de Underground Resistance?
Casualidades de la vida, como todo. Le conocí a través de un amigo (Isaac a.k.a Machine) y por e-mail le avisamos que iba para allá, porque yo, sobre todo, lo que quería es que mi música llegara a las personas adecuadas. Era mi primera referencia, y para mí era bastante especial, porque me había estado ‘pegando’ con las distribuidoras de medio mundo –lo típico, te dicen que no se fían de ti, llega un chavalillo con gorra “oye, que yo hago música con máquinas”, muy bonito, pero…– Entonces, cogí los vinilos y me planté ahí. A partir de ahí conocí a Cornelius y empezó una buenísima amistad. Es una persona a la que aprecio mucho y me ha ayudado muchísimo en mi carrera. Hay una gran unión, por la música, pero sobre todo por la forma de ser, por la filosofía. Yo me siento muy identificado con ellos, creo que la música no es un ‘postureo’, yo no busco fama, no busco rock’n’roll, busco simplemente hacer lo que yo hago, y si está pagado, pues mejor. Pero al haber muchas cosas que han ocurrido en la música electrónica, se ha globalizado y eso se ha perdido. Ahora mismo se impone una figura de un artista, del dj, que es lo que realmente se valora, y se quita importancia a lo más importante, que es la música, y la dedicación. Y esa gente son música. Es jazz, es techno con jazz, es electro, son los pioneros. A mí el techno de Detroit me gustaba por ellos, por Jeff Mills, por Octave One, por toda esa generación de artistas de los 80 y de los 90, y a partir de ahí… Vas mamando y al final cada uno coge su camino.
Teniendo en cuenta la invasión minimalesca que está sufriendo la electrónica actual, ¿crees que volveremos a ver al techno como estilo predominante en las salas y festivales de música electrónica?
Yo creo que ahora mismo el techno está en un gran momento, desde mi punto de vista, y si te fijas, está volviendo el house típico de toda la vida, el clásico, o el techno clásico. Y con toda esa saturación que ha habido del movimiento digital, del techno digital, han ocurrido muchas cosas. Se ha globalizado tanto que yo, por ejemplo, me sentí saturado, y esa fue una de las razones por las que empecé mi proyecto con Chaval Records, un poco por diferenciarme. El problema es que hay algo que es hacer música realmente porque la llevas dentro o hacer música por estar ahí. Y ha ocurrido eso, la figura del dj se ha perdido, ahora hasta mi abuela es dj, cualquiera con un ordenador o unos cd’s puede pinchar, que es respetable, la tecnología avanza y está ahí a disponibilidad de todos. Pero creo que tiene que haber unas pautas, porque hay gente que le dedica más tiempo a las producciones que otra, entonces no puedes sacar 15 o 20 temas al mes, es imposible, la calidad baja. Con esa globalización, ha ocurrido una parte muy buena que ha hecho ‘una limpieza étnica’, como yo digo, ha limpiado mucha gente que iba por el mismo camino y eso ha hecho que a otras personas que hacemos cosas distintas, se nos saque la cabecilla un poco más, y eso es bastante bueno. La saturación del mercado es absoluta, pero cada vez hay mejor música, solo tienes que oírlo, hay mucha gente haciendo muy buenas cosas de techno.
Ha sido un poco como si se hubiera capitalizado, ¿no? Mucho, a gran escala, pero no hay trabajo, no se cuida la armonía, la estructura, etc.
Se pierden los valores. A mí me cuesta mucho sacar un tema, también porque soy el más ‘rallao’ del planeta, hasta que no le doy 50.000 vueltas no me quedo a gusto. Lo que no puede ser es que todo valga, –he hecho un remix, y vuelvo a estar en el candelero, y ‘Manolete’ me ha hecho un remix y a los 15 días vuelvo a estar ahí– pero se olvidan de algo importante, que es lo que realmente les representa, que es la música. Y si un tema es bueno, los otros 17 no lo son, entonces creo que esa energía se está perdiendo. Hay que cuidar más a lo que se va, que es a hacer música, que no sacar por sacar. Hay gente que saca 15 temas al mes y me ‘flipa’ su sonido y no tengo nada en contra de ellos. Yo no soy así, yo creo que todos los caminos llegan a Roma, da igual de dónde… Hay gente que tiene más facilidad en hacer las cosas y lo hace rápido o gente que tardamos más. Pero la música atemporal nunca pasa de moda, yo lucho por eso.
Como madrileño que eres, ¿cómo ves la escena de la capital actualmente?¿Qué es lo que más echas de menos de tiempos pasados?
Sinceramente, a día de hoy, la escena madrileña está bastante mal. Hay muchas cosas, pero es lo de siempre, los mismos de siempre haciendo lo mismo de siempre, sin dar una oportunidad a los demás, que tenemos muchas cosas que contar. Y ya no te hablo de mí, te hablo de 200.000 personas más. Eso es lo que pudre la escena. Hay un monopolio absoluto de promotores que es como el pez grande que se come al pequeño, no hay oportunidad, bueno sí, pero no es rentable, no hay clubs. Partimos de la base de que no hay un garito que suene bien, entonces, cómo van a programar y a hacer cosas, si las condiciones que te dan los garitos son pésimas. Y tú cómo vas a competir contra un promotor que tira la casa por la ventana, no puedes, qué haces, una fiesta en Specka, que tienes 200 personas… Es igual de respetable, me encanta el Specka y es el garito underground por excelencia, pero no puedes crecer. Las 3 salas que hay buenas son un monopolio absoluto y no hay hueco para más. Y creo que en Madrid hay muchísimo talento de gente joven, a nivel underground, y hay promotores pequeños que están luchando y no buscan ganar dinero por crear escena. Si hubiera esa unión y entre todos lucháramos para ser una piña, ayudarnos y poner cada uno de su parte, habría mucha más escena, se podrían hacer muchas más cosas que ahora, pero la unión, a día de hoy, es complicada.
Desde Technopedia aplaudimos tu pasión por lo analógico, pero ¿crees que te supone un hándicap a la hora de producir?
Pues yo creo que no, sinceramente. Para otras personas, desde fuera, yo se que me miran y piensan que estoy ‘chalao’, en plan “este, con tanta cacharrería, le cuesta mucho”. Pero yo tengo mi dinámica a la hora de currar y creo que puede ser más rápida que alguien que trabaja con digital. Yo mezclo lo analógico con lo digital, es decir, todo mi entorno analógico lo incluyo al final en un secuenciador digital. Hay veces que lo grabo en analógico directamente, o hay veces que lo grabo en el secuenciador.
¿Te gusta más el sonido analógico que el digital?
No es que me guste más, soy más fanático del sonido analógico porque es más característico para mí, es con lo que yo empecé y el que realmente me ha hecho un poco coger mi sonido y la peculiaridad de mis producciones y mi directo, pero me gusta mezclarlos. La potencia, la fuerza, viene cuando mezclas los dos entornos, la parte analógica que te da esa parte positiva, y la parte digital, que tiene ‘mogollón’ de avances, y te hace avanzar de una manera mucho más rápida. Pero si mezclas los dos, en un entorno bueno y con una seriedad absoluta, las posibilidades se multiplican. Por eso a mi no me frena, aunque desde el punto de vista de otra persona que se pone delante del ordenador y le da al play, está claro, es mucho más complejo. Pero yo me sé mis máquinas de memoria, para mí hacer una secuencia en una caja de ritmos es fácil. Pero cada uno puede hacer lo que quiera, no voy a entrar… porque el mundo digital ya sé como es, y basta que digas analógico para que te estén tirando piedras durante mucho tiempo. Y yo no soy un talibán de lo analógico, porque mi música tiene partes analógicas y partes digitales, cojo lo mejor de los dos mundos.
Ante la nueva hornada de jóvenes valores emergentes en la electrónica española, ¿a qué artistas de tu generación les auguras mejor futuro?
Creo que la electrónica española esta en gran momento, ya que hay mucha gente haciendo grandes cosas que me gustan. Gente como Architectural, Tadeo, Svreka, Aiken, Helena Gallardo, Agony Forces, Dani Tricoma, Marcos in Dub, Loud Neightbour, Freedom B, Hugo Rolan, Machine, V-Elemento, Retovision, Fernando Sanz, Adapt, la gente de Titan´s Halo, Sowing Paranoia, Charler Moset, De Felipe, Rubén Martinez a.k.a Razeed, Bran Lanen y muchos más artistas que se me olvidan y a los que les pido disculpas.
En plena época digital, en la que se tiende a concentrar la mayor información en el menor espacio posible, ¿cómo haces para transportar todo tu equipo y música para las actuaciones?
Hasta el día de hoy no he tenido ningún problema, siempre que llego a un club saben lo que hay, porque mi directo y mi show son así. Me he acostumbrado ya a ir cargado hasta arriba, los flycases son mi vida. Hasta el día de hoy todo lo he hecho por carretera o en tren, porque no hay peso límite, pero claro, si en algún momento cruzo el charco no puedo ir así, tengo que reducir mi directo. Llevo mucho tiempo intentando reducir mis máquinas, pero me ocurre algo, en el momento que no llevo mis máquinas, ya no soy yo, pierdo ese sonido que me caracteriza, entonces me ‘rallo’ y no es igual. Estoy luchando por conseguir máquinas mucho más pequeñas de las que, currando mucho en el estudio, pueda sacar casi el mismo sonido que podría sacar con todos mis artilugios analógicos.
¿En qué momento un artista de música electrónica decide unir su espectáculo con una banda de música ‘tradicional’, más si cabe para acudir a un festival de las características y dimensiones del Fresh Weekend?
Yo soy forofo de la música en directo, de los instrumentos y de todo eso, y para mí esto era un sueño. Al principio, lo admito, me venía grande, porque yo no sé leer partituras, yo todo lo que hago, lo hago de oído. Yo no he estudiado una carrera de solfeo como han estudiado ellos, pero sí llevo la música dentro. Todo empezó un día de manera muy rara, me fui al Retiro con la bicicleta, había unos pibes allí tocando y me acerqué a ellos. Yo tenía ya el proyecto en la cabeza, quería incrementar músicos en mi show y tal. Les conté el proyecto y me fui entrevistando con ellos, pero no cuadró. Y nada, como un milagro, un amigo íntimo, Jhony (Panda), me presentó a Silvia, la percusionista. Y a partir de ahí, Silvia fue la unión de todo, la causante de las uniones. Me reuní con Shu, que toca el chelo, con Alicia, que toca el violín, luego entró Miguel Soler, que toca el saxo alto, y fuimos quedando, empezando el proyecto y se fue desarrollando. Antes estaba otra pianista y ahora ha venido un pianista nuevo, Herman Moore, con él el grupo a tomado un poco más de forma, ya que es una persona muy creativa y tiene un punto de improvisación muy alto y conectamos muy bien; da gusto y estoy muy agradecido de que se haya unido a esta gran familia y a este proyecto. Y así, poco a poco, a base de trabajar, humilde y tranquilamente, ha cogido fuerza.
¿Tenías pensados estos instrumentos concretos?
Ha ido un poco surgiendo. A mí, realmente, el sonido del violín o del violonchelo me ‘flipa’, entonces yo quería ir por ahí. En vez de tocar unas cuerdas sintéticas, que también están bien, hechas con mi sintetizador, que las toque una persona, sonido orgánico. Ha sido un poco una mezcla, ha ido surgiendo porque Silvia tenía el contacto de esa movida y fue cuadrando. Casualidades de una casualidad, la música siempre son casualidades que una te va llevando a la otra. El proyecto es lo que más me llena, me llena mucho más trabajar con ellos, me aporta mucho más. Es el punto de vista de 6 personas, ellos me aportan algo y yo intento transformar su movida y llevármelo a mi terreno. Hay que tener mucho cuidado, porque los instrumentos mal usados, te vas al lado flautero, a un lado al que justo no quiero ir. O sea, un saxofón mal tocado, parece Hevia, y un violín mal tocado parece David Guetta. Tuvo un proceso de adaptación, pero ya lo tenemos dominado, ya va solo.
¿Cómo fue tu experiencia en este festival? Hemos de reconocer que la nuestra, y en especial durante vuestra actuación, fue genial.
El Fresh Weekend ha sido la mejor experiencia que he tenido. Teníamos mucha positividad, muchas ganas de enseñar lo que estábamos haciendo, de hecho hicimos 4 o 5 bolos anteriormente para aprender de los errores. No tengo la experiencia de llevar 20 años haciendo un show con músicos. Las cosas se aprenden a base de andar y a base de errores. Por ejemplo en Sónar, me falló un sintetizador y no pude hacer mi show como dios manda. Y fíjate la complicidad que tenemos, que les miré y les dije –“chicos, no funciona el cacharro, a tomar por culo”— lo entendieron y empezamos a improvisar, empecé a programar mis maquinas a tiempo real y ellos a tocar. Para nosotros era una cagada inmensa, pero la gente entendió ese punto de creatividad y de improvisación en el momento, y de eso aprendimos. Yo escucho el bolo y a nivel profesional hay mil cosas que cambiar, y los músicos te dirán lo mismo, porque nosotros podemos hacerlo mucho mejor. Estamos trabajando duro y la música lo va a decir sola. Pero a los del Fresh Weekend les estoy súper agradecido por la oportunidad que nos han dado, que no sé si la merezco o no.
Viendo tu gusto por lo analógico y cómo incluyes una banda en tu show, ¿qué música o grupos, fuera de la electrónica, han influido en tu música?
Tengo tantos… Miles Davis, Chet Baker, me gusta mucho Aufgang, que tiene ese toque orgánico de música electrónica, me gusta mucho Apparat con la banda, Isaac Hayes, el funk de Maceo Parker, Dennis Goodman. Aunque realmente lo que más me influye es la música en directo, los músicos. De hecho, cuando escucho algún instrumento que tiene que ver con la electrónica, tiro mucho más, porque yo se lo que es currar con músicos, es un proceso de edición, de afinar, de muchas cosas. La gente se cree que es poner ahí a uno a tocar y ¡qué va!, es un ‘curro’. Además, los instrumentos suenan de una manera y yo intento que suenen de otra, con pedales y una serie de cositas le damos unos efectos para que no suenen tan secos. Está bien el sonido de saxo o del violín, pero se puede llevar a otro terreno, con efectos, procesándolo, etc. Y es que esto, o te gusta y lo amas o… esto no te lo aguanta una novia [risas]. Hay que tener mucha disciplina y mucho trabajo, porque al principio no te aporta económicamente lo que te tiene que aportar.
¿Cuántas horas trabajáis al día?
De 6 a 8 horas, incluso puedo echar 14. Hoy, por ejemplo, llevamos 10 horas aquí metidos.
Una persona como tú, que ha tocado casi todos los palos de este mundillo, tanto como dj como productor o promotor, ¿en qué condiciones cree que está la industria musical electrónica?
Pues creo que esta en un buen momento porque si te fijas, a nivel comercial, a nivel mainstream, la música electrónica se está mezclando con todo, desde artistas del popurrí y tal, todo se hace con música electrónica. Al ocurrir eso, también ocurre una globalización. Estamos en proceso de cambio, antes estaba la figura del dj y era reconocido por lo que era, pero esa figura se ha distorsionado porque se ha mezclado con la del productor, y ahora un dj si no hace música ya no está ahí, estás como obligado a hacer música. La distribución está fatal, el mundo del vinilo está fatal, pero sigue estando ahí, resistiendo. Han cambiado muchas cosas, la gente ya no compra cd’s, yo creo que es un proceso de cambio…
¿Tu crees que el vinilo seguirá o acabará desapareciendo?
Va a estar ahí de una manera o de otra, aunque más para coleccionista tal vez, porque la gente no quiere comprarlos, porque no lo quieren transportar, tienen un uso y se rompen. Está habiendo un cambio de la industria, ahora todo se lleva al teléfono, al iPad, … Todo va hacía eso, hacia una accesibilidad tecnológica, de tener música dónde, cuándo y cómo quieras. Si no tienes un plato no puedes reproducir un vinilo, pero aún así no creo que se extinga. Soy un ‘vinilómano’ [risas], mi sello seguirá sacando vinilos hasta que me quede cojo, sin pasta, o me lleven a la cárcel [risas] porque es con lo que me he criado y son mis valores, creo que la música tiene que estar representada en vinilo, pero también en digital, porque la industria ha cambiado y la gente te lo exige. La gente ya no pincha con vinilos, y tu música está hecha para las pistas de baile, te tienes que adaptar, también tiene que haber iTunes o Spotify, y yo los utilizo todos los días.
¿Y en que crees que desembocará todo este cambio?
Pues como todo, es un proceso de formatos. Primero fue el vinilo, luego entró el cd, luego el mp3 y poco a poco se llegará a otro que será más accesible, lo que está claro que todo se basa en internet y en la rapidez, en aquí y ahora, y en todos lados. ¿Quieres comprar música? Pues la compras en el bar, en el aeropuerto o en el autobús, como en las películas, porque la tecnología va a 200.000 por hora. Está claro que la industria está en un proceso de cambio, sólo hay que verlo, todas las distribuidoras cierran, las multinacionales están fatal, no hay dinero. Tú vas con tu álbum a una discográfica buena, y por muy bien que esté y muy guapo que sea, y se ríen de ti, porque no hay dinero. Estamos en una etapa de crisis y de cambio social. Algo va a ocurrir, no se qué, pero algo va a ocurrir. Lo que está claro es que hay que adaptarse a la tecnología. Pero nosotros seguiremos sacando vinilos, aunque sean ediciones limitadas o súper puristas. Y yo defiendo eso, la música de alguna manera tiene que estar representada en un formato físico, creo que tiene que haber algo que no sean unos y ceros. Está muy bien tener un disco duro lleno de música, pero no la ves ni la tocas.
Después de recorrerte medio mundo para promocionar la primera referencia de Chaval Records, ¿cómo se recibe el exitazo que está teniendo la cuarta?
No me puedo quejar, se han vendido casi todas las copias. El tema “Gracias” ha sido charteado por muchos dj’s de todo el planeta. Pero pese a que la gente asocia Chaval Records a mí, porque soy el que ha tirado hacia delante, detrás de Chaval Records hay una imagen, una web y una serie de cosas que los ha hecho Roberto Ramos, con el que empecé el proyecto, que es un genio de Internet y conoce muy bien el mundo del marketing y la promoción. También he tenido muy buena suerte, ya que mi sello ha sido apoyado por gente importante. La gente se piensa que sacar música es sacar un tema, ponerlo en Facebook, que lo lleven a cualquier portal, etc. Y creo que la promoción de sacar un disco no es esa, tiene que ir encaminada con unos tiempos, y esos tiempos no los puede hacer el artista, sino una persona que entienda del gremio, por eso tengo mucha suerte de haberme cruzado con gente como Roberto, o Pat Comunicaciones, que se encarga de la comunicación del sello y es una ‘máquina’ en comunicar. También mi manager, Rubén, y toda la gente de Monofunk, que desde su plataforma y su forma de hacer las cosas, me dan vía libre para que trabaje tranquilamente y creen mucho en mi idea y en mi forma de ver las cosas. Me han aportado mucho, estoy muy contento de poder trabajar con ellos. Es un trabajo en cadena, está claro que yo soy el creativo, pero sin ellos, mi música no llega donde tiene que llegar. El gran problema es que la gente no trabaja en equipo, hay mucho ego a la hora de hacer música electrónica, por eso lo mejor que me ha pasado es ‘currar’ con la banda. Hay que aprender a escuchar a los demás para poder entenderte a ti, tu punto de vista puede ser cerrado y creerte que tu movida ‘mola’, y a lo mejor no, y te lo tiene que decir alguien desde fuera. Y la promoción no se hace sola, está claro que hemos tenido mucho tirón, ha ido muy bien. Pero son un cúmulo de cosas, y la comunicación y eso tiene que estar. Por eso estoy tan agradecido a todo el equipo (Band, Roberto, Pat, Rubén, Julio, Alberto, Borja) sin todas esas personas no estaríamos donde estamos. Muchas gracias a todas las personas que han ayudado y han colaborado con este proyecto y con todo lo que tiene que ver conmigo, sin todas ellas no sería lo mismo, muchas gracias de corazón.
Muchas gracias por tu tiempo Víctor, ha sido todo un placer.
Ha sido un placer tener esta entrevista con vosotros, larga vida a Technopedia ¡Un saludo a todos!
Foto portada: Daniel Casal
Más información: Chaval Records – Facebook – Beatport – SoundCloud








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